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de Sandra Massera

Primer Premio COFONTE - AGADU 2011

Teatro del Umbral aborda por primera vez una ficción futurista

Si, como tituló David Lowenthal a su libro, “El pasado es un país extraño”, puede resultar también muy extraño imaginar el futuro. No podemos viajar hacia ninguno de los dos extremos del tiempo, y en ese sentido están más cerca y físicamente posibles las antípodas del mundo que ese tiempo que ya fue o el que será.
Futuro perfecto no pretende augurar nada, es un juego, un puro juego teatral de ficción, aunque deje traslucir ciertos miedos y ansiedades que ya son parte de nuestro presente.

Punto de partida
Distopías como las descritas en Un mundo feliz, de Aldous Huxley; El cuento de la criada, de Margaret Atwood y Nosotros, de Yevgueni Zamiatin son algunas de las obras clave que marcaron una importante corriente literaria iniciada en la primera mitad del siglo pasado.
A estos autores habría que agregar la influencia de los relatos de Ray Bradbury y sobre todo del maestro de la ironía y el absurdo futuristas Stanislaw Lem.
La novela La llave maestra, de Masako Togawa, sin estar ambientada en un utópico futuro, muestra la vida de un grupo de mujeres solas que han quedado aisladas socialmente casi sin percibir el paso del tiempo.

Sinopsis
Ex territorio uruguayo, costa norte del Río de la Plata, agosto-setiembre del año 2180.
Un grupo de mujeres viven hacinadas en uno de los edificios de los llamados Enjambres, con apartamentos de proporciones inhumanas. Sabemos que hay muchísimas más en el edificio, en las mismas condiciones. Y más allá de este edificio hay otros  que integran el Perímetro y más allá hay más Perímetros que integran la Circunvalación, y más…
Y cuando la superpoblación es insostenible, vienen los Traslados a las Órbitas.
Mientras tanto, grupos de rebeldes se están organizando para recuperar la libertad.
Todos viven los estragos y las contradicciones de una sociedad que ofrece a la población tratamientos extremos para conservar la juventud.
En la noche del 19 de agosto, el destino de las mujeres parece encaminarse hacia una resolución definitiva. Ninguna imagina lo que realmente vendrá. 

Enjambres humanos
La puesta en escena pone de relieve la vida cotidiana de mujeres que forman parte de los llamados Enjambres: lugares de ubicación de personas que han pasado la edad de concebir y que son recluidas separadas por sexos en edificios especialmente acondicionados para supervivencia condicional y control.

Mi almi go lucha
La frase de un hombre disidente sintetiza la esencia del grupo minoritario de personajes: los revolucionarios que se están organizando para resistir la opresión y huir de las zonas de control. Pero a las inevitables angustias de una guerra inminente se suma un obstáculo simple y radical: la dificultad de comunicación a causa de los usos idiomáticos que imponen las autoridades a las diferentes Zonas y sobre todo a las nuevas Colonias de jóvenes. Separación por sexos. Separación por idiomas.

No hay modo de borrar los registros, saben mi edad
Separación por edad. Lo único que le importa a la Srta. César, uno de los personajes femeninos más frágiles, es su apariencia física, ya que el sistema tiene la información de la edad real de todos y no hay modo de eludir eso.
El rasgo más extremo de esta utopía es una cualidad nueva en la  organización de estos Conglomerados urbanos: el aislamiento de los viejos. Inquietante aislamiento, ya que los viejos no parecen tales. Un sistema de intervenciones médicas prácticamente obligatorias se instauran para mantener cierto vigor físico útil al sistema y  una apariencia joven de las personas, con riesgosos y aún no manejables efectos secundarios.
Los personajes se debaten entre las contradicciones de una vida de apariencias y contención cuidadosa y el deseo de escapar y ser libres.

El tiempo no vale nada
El tiempo ya no es un problema, tenemos mucho tiempo, afirma uno de los personajes rebeldes. Cuando la energía y  la apariencia de juventud ya no son una cualidad que se agota tan rápido, otros son los desafíos que se imponen. Uno empieza a querer recordar otras formas de convivencia, añora la libertad de poder elegir con quién vivir y cómo vivir. Ahora el problema no es el paso del tiempo, sino cómo hacer para disfrutar de ese largo tiempo monótono al que están todos condenados.